Dándole vueltas al último contrato cada vez que me giraba en la cama.
Volvieron a decirme desde la editorial que no me publicarían con mi nombre. La última novela les había encantado y al “autor” le fascinaba su final.
Me subirían el sueldo un diez por ciento mensual y aumentarían en cinco días mi quincena de vacaciones.
Pero no. No publicaría con mi nombre. No me conocía nadie.
En cambio, el creador de bestsellers cosecharía un éxito más.

Como a ti
Como un perro herido me encontraba tras el asesinato de mi compañera. Todos llorábamos su pérdida pero no entendíamos por qué había muerto. ¿Quién podía haberle hecho aquello? ¿Qúé alma degenerada se había enseñado con su cuerpo? El forense determinó que no había sido...