La veo tras la ventana poner la mesa. Lanzar al aire el mantel y que caiga como pluma sobre las cuatro esquinas mientras su perrillo juega con las caídas que sin rozar el suelo casi lo toca. Estoy suficientemente lejos pero necesariamente cerca. Nuestra calle no es tan ancha como para no ver su terraza cerrada. El sol alumbra el ventanal y yo la observo en la distancia hasta que, quizá intuyendo mis miradas, baja el toldo.
Fin de la representación. No veré ni si su copa de vino ni su comida están listas. Queda imaginar o mejor dejarlo para otro día. Prefiero observar la realidad. Volveré a ver la película de Hitchcock.
¿Me atreveré a cruzar la calle y llamar a su puerta?

Como a ti
Como un perro herido me encontraba tras el asesinato de mi compañera. Todos llorábamos su pérdida pero no entendíamos por qué había muerto. ¿Quién podía haberle hecho aquello? ¿Qúé alma degenerada se había enseñado con su cuerpo? El forense determinó que no había sido...