Entré en la casona, oliendo el rastro de sangre que tras cruzar el patio desierto me llevó a un gran armario con tres espejos.
Abrí la puerta central apuntando con mi pistola y el olor a muerto lo inundó todo. Entré en el mueble sin fondo atraído por su luz y encontré un jardín ennegrecido por un incendio.
Seguí mi intuición y mientras caminaba apuntando hacia todos los ruidos que surgían a mi paso entre árboles y rescoldos un grito de mujer llegó para romperlo todo.
Corrí hacia ese extraño lugar que parecía sacado de una novela y encontré a una diosa vestida de blanco con sangre en sus labios que antes de abalanzarse sobre mí dijo: “Te estaba esperando. Has tardado mucho”.