¿Por qué empezamos el año el 1 de enero?
No siempre ha sido así. en la Antigüedad el año comenzaba en marzo, con la primavera. Para los romanos era lógico este inicio tanto agrícola como político en honor del dios Marte.
A lo largo de la historia, desde Numa Pompilio, que incorpora el invierno al calendario, dedicado a Jano (Ianuarius, enero) y la festividad de la Februa (Februarius, febrero) tenemos ya los doce meses actuales.
Pero la uniformidad real (tras muchos desacuerdos en la Edad Media) llegó cuando el papa Gregorio XIII promovió una nueva reforma para corregir los errores acumulados en el calendario juliano, naciendo así el calendario Gregoriano vigente desde 1582 que restableció el 1 de enero como el comienzo oficial del año.
Todo esto para deciros que para mí empieza el año nuevo en septiembre. No provengo de un entorno rural donde se recoge la cosecha y tras el verano se inicia la nueva etapa; tan solo mi sensación es que en septiembre se inicia el curso escolar y cumplo años; me siento tan niña que mi mente cree que el primer día del año es tras el verano.
¡Qué le vamos a hacer!
Sobreviviremos con nuestras manías, aunque este 2026 que comienza (año par; mis favoritos) será mi septiembre el mes de enero, ya que inicio curso online y mi nieta Sofía se estrena por primera vez en la vida en la guardería.
Queridos todos: os invito a pasar por mi instagram en los próximos días (@leeme1min) donde os recordaré los libros que más me han gustado del año.
Preparados ya para el punto y seguido. En enero continúa el invierno y los españoles ponemos la guinda final con el roscón de Reyes y el chocolate. Para desintoxicar del resto de fiestas navideñas.
Ya sabes, si te lleva el diablo, que te lleve en coche.
Espero que no os atragantéis con las uvas y que además de pedir los deseos correspondientes, no os olvidéis de agradecer todo lo bueno y no pensar en lo que carecéis.
Dar las gracias es siempre un acto de generosidad.
Gracias por tanto por estar ahí, por leerme y por compartir.
¡FELIZ AÑO NUEVO 2026!







