Divagaciones veraniegas.
La semana pasada recibí un cargo en mi tarjeta de crédito que no esperaba: 115 euros con una simple descripción: Elpaís.com.
Puestos al habla con atención al cliente del medio informativo, me remiten a la atención a suscriptores.
Me informan de que hice una suscripción en 2024 y que la oferta finalizaba en estas fechas de julio y que ese importe corresponde a la suscripción de 2026-2027. Y sobre todo, me recitan una legislación en la que no tengo derecho a desestimiento. Tres veces. Me la recitan tres veces.
Cuando sigo insistiendo con hablar con un responsable y explicando que voy a recomendar que la gente no se suscriba de esta manera, me tienen unos segundos a la espera y me ofrecen un 50% de descuento.
Decido aceptar por no pelear. Estoy cansada de pelear: con administraciones, con empresas, con contratos antiguos, con suscripciones no explicadas correctamente.
Y escribo una carta al director.
Al día siguiente contactan conmigo. Quieren compensarme. Ya no puede ser para este año. Pero me hacen una oferta para el año que viene. Y no. No quiero ofertas. Cancelo.
He recibido desde el viernes un montón de correos electrónicos. Casi me regalan la suscripción de los dos años que viene. (Todavía tienen que devolverme mis 115, aunque me cobraron rápidamente los 60)
Y no. No es un tema de dinero. Es un tema de formas.
Señores, en este caso de El País, pero me valen los de cualquier empresa: ¿no es lo correcto en el trato al cliente avisarle de que se cumple su renovación y que aparecerá en su tarjeta o cuenta corriento el pago que se dijo dos años antes? ¿No es lo lógico avisar de ese cobro? ¿No es lo adecuado en el trato a un cliente?
Sí. Pero ya no se puede solucionar.
Y yo tengo claro que no es una cuestión de dinero. No quiero ser suscriptora de El País. No con ese trato de ser un número con el que hacer caja. Que conste que en el correo que me enviaron tras la oferta de 2024 figuraba un lacónico: “Después 105€”. Ahora ya sé que eso quiere decir que me cobrarían automáticamente 105 euros, que por reajustes económicos son 115.
Leo el periódico habitualmente desde casi su fundación; compro físicamente el dominical y muchas veces el diario del sábado a pesar de la suscripción. Leeré el diario en esa suscripción de la que no he podido darme de baja hasta el 14 de julio de 2027, pero no volveré a suscribirme.
Si quiero leer el periódico lo tengo a mi disposición en #ebiblio, bibliotecas de la Comunidad de Madrid, en digital.
Sé que solo soy un número, que no les importa, pero a mí sí.
Así no, señores de El País.







