He bajado como cada día a comprar el periódico. Me sigue gustando el olor del papel y la sensación que me transmite el leer pausadamente mientras saboreo el primer café de las mañanas. A veces, solo a veces, empiezo desde el final.
Hoy, ha sido uno de esos días. Tal vez porque llovía o porque estamos en primavera. Quizá porque estaba triste.
Me he encontrado con una esquela, con tu esquela. La cadena de televisión donde trabajaste toda tu vida y tu familia te recordaban y agradecían las condolencias. Dadas las circunstancias, la incineración se celebraría en la intimidad.
No. No me había enterado de tu muerte. Veo pocas noticias.
Te he recordado en silencio, casi sin lágrimas. Con dolor, con pena, no sé si por ti, por mí, o por los dos. Por lo que no tuvimos, por lo que renunciamos, por lo que no supimos vivir.
Quisiera enviarte una carta de amor. Pero ya es tarde. Te has muerto y no puedo mandar estas letras a ningún lugar. Se quedarán en mi memoria para siempre. Como mi amor por ti. Como nuestro amor.

Como a ti
Como un perro herido me encontraba tras el asesinato de mi compañera. Todos llorábamos su pérdida pero no entendíamos por qué había muerto. ¿Quién podía haberle hecho aquello? ¿Qúé alma degenerada se había enseñado con su cuerpo? El forense determinó que no había sido...