¿Complementarios?
No sé cómo he llegado a pensar que escribir y cocinar son dos actividades complementarias para mí. Y supongo que para algunas personas también, pero tal vez para la mayoría son dos actividades que no se unen en ningún momento.
Dice Raquel Martos en su novela <<Los sabores perdidos>> que “Cocinar es ante todo concentración y entrega, cuando nos empleamos en esta tarea estamos jugando con fuego, literalmente, pero también con la creatividad, y cualquier ejercicio creativo, como sabéis, exige una implicación máxima del autor”. Y Paulo García Conde en su última newsletter <<La libertad de escribir: donde todo es posible>>: “Escribir es en su esencia más pura una de las actividades más libres que existen”.
Si unimos estos pensamientos, desde luego la concentración y la entrega están presentes siempre en la escritura tanto como en la cocina. Y son actividades para almas libres. No puedes descuidarte porque los dos son oficios creativos donde el menor desliz produce un efecto no deseado. Si fallas en una fecha, una edad de un personaje, un ambiente erróneo… la historia no fluye ni para escritor ni para lector. Si no mezclas adecuadamente los ingredientes o te falta alguno fundamental por un descuido o dejadez en la elaboración el plato puede estar aceptable, pero no es un triunfo.
Así pues, si queremos escribir debemos cultivar la creatividad con el trabajo, la dedicación y la constancia. Las dos facetas gozan de gran libertad. El escritor tiene el mundo a sus pies para crear sus historias, para imaginar nuevas vidas, para mover las piezas de su ajedrez creativo. El cocinero mezcla ingredientes como si dibujara lo que su mente culinaria le propone.
Dice Leila Slimani en <<El perfume de las flores de noche>>: “Me gustaría dedicarme solo a las palabras, olvidar lo que constituye la vida cotidiana, procuparme solo del destino de mis personajes” y María Mestayer de Echagüe, conocida como Marquesa de Parabere nos muestra en la novela <<Parabere>> escrita por Andrea Cabrera y Aldo García el placer de cocinar y trabajar en un plato hasta encontrar el mejor punto, elaborar la mejor receta aunque haya que repetirla, probarla y compartirla con los mejores cocineros de la época. Eso hacen escritores y cocineros. Siempre.
Juan Marqués en <<El hombre que ordenaba bibliotecas>> explica: “Triunfa en la vida aquel que es dueño de su tiempo, libre de poder invertirlo en lo que ama, en lo que le motiva”.
Creo que sí. Cocinar y escribir son dos buenas motivaciones en la vida. Hubo un tiempo en el que estuve a punto de hacer una web sobre cocina. Se habría llamado <<Cocinar a las seis>>, porque era a la hora en la que dejaba preparada la comida a la familia en casa. En media hora era capaz de organizar un par de platos y a veces hasta un postre. No llegué a realizar ese proyecto porque me dediqué al otro, con el que había soñado toda mi vida: escribir. Y en ello estoy. A la espera de publicar mi tercera novela y elaborando la siguiente como si cocinara a fuego lento esos platos de toda la vida: lentejas, cocido, albóndigas… y un toque de repostería con torrijas de horchata, para no aburrirnos de las de toda la vida.
¿Y para ti? ¿Cocinar y escribir son complementarios?