Él vivía en Londres. Ella en París. Se conocieron en una reunión de trabajo en Hamburgo. Congeniaron enseguida.
Parecían amigos de toda la vida. Volvieron a sus países, a sus rutinas. Ella, casada, dos niños pequeños. Él, casado, dos hijos adolescentes.
Dentro de la empresa no trabajaban en lo mismo. Había sido un mero cruce de caminos. Una curva trazada por el destino.
Pero fue muy fácil conseguir el correo electrónico del otro. Y empezaron a escribirse. Ella a él. Él a ella. A veces incluso hacían videollamadas y hablaban y se veían por internet.
Se sentían culpables. Sabían que no eran amigos. ¿Pero qué eran?
Tenían que salir de dudas. Se encontraron en el hotel Palace en Madrid seis meses después.
Era su primera cita. Era su primera vez.