Divagaciones dominicales
El año pasado escribí en mi blog acerca de las mujeres de mi vida, pilar fundamental para haber llegado hasta aquí: mi madre, mi hija, mi nieta; las amigas de toda la vida y las que acaban de llegar a ella; las escritoras de siempre y las que voy incorporando a mi lista. Todas son importantes y a todas les debe lo que soy.
Pero hoy os quiero contar todas las mujeres que soy. Las que alguna vez quise ser. Las que probablemente algún día llegue a ser.
Porque no tenemos un yo único y absoluto.
Estamos hechos de capas y deseos; de pensamientos diferentes e incluso contradictorios; de amor y desamor; de luces y sombras.
Soy la que se levanta cuando aún no ha salido el sol, hace ejercicio y espera unas horas para desayunar mientras cocina para todo el día; la que antes de ir al gimnasio pasa por el supermercado y compra lo que falta en casa; la que estudia su último curso; la que entrega los trabajos a tiempo; la que corrige sus manuscritos; la que escribe microrrelatos para instagram; la que termina a tiempo el último libro del club de lectura; la que está pendiente de las citas médicas de los amigos y de la familia.
Pero también soy la que algunas noches retrasa el despertador porque la vida le ha pesado ese día; la que necesita un café nada más levantarse; la que cancela la clase del gimnasio a pesar de que la penalicen; la que decide aprovechar las sobras porque está harta de cocinar; la que no llega a tiempo al último libro recomendado; la que olvida un cumpleaños muy querido; la que cancela médicos porque prefiere no ir más, no porque esté bien.
Y hoy en este 8 de marzo, soy la que piensa que debería haber ido a la manifestación y no lo he hecho; la que cree firmemente que todavía queda mucho por hacer, mucho por pelear, mucho por reivindicar. Y creo también que hay una línea muy fina, delicada y sutil que no debemos olvidar. Esa que se está cruzando poco a poco para intentar en pleno siglo XXI volver atrás. Si miramos hacia otros países y la falta de libertad es para llorar, pero si solo observamos la vieja Europa es tiempo de preocupación. Hemos conseguido mucho gracias a las que vinieron antes. No lo perdamos.
Agradezco además a la vida todo lo que me ha dado, todo lo que me da. A veces solo pensamos en lo que no tenemos, no en la inmensa suerte de disfrutar de todo lo que somos y sentimos.
Hoy especialmente doy las gracias a Jesús Terrés, @nadaimporta, que en sus #Claves ha mencionado mis libros. Esa generosidad no tiene precio. De verdad.
Y doy las gracias a mi nieta Sofía, ya trece meses, impulso y motor para ser feliz y para verla crecer feliz a ella.
Gracias amigas escritoras, @susanavidal_autora y @solangevernon. El mundo es más bonito con vosotras.
Y feliz semana; felices lecturas, queridos lectores







