Escribía hace poco en #Claves Jesús Terrés (@nadaimporta) sobre el miedo: <<Leo un poema del premio Nobel Naguib Mahfuz: “El miedo no evita la muerte. El miedo evita la vida”. Lo prometo hoy, aquí, intentarlo una vez más. No tener miedo”>>. En breve aparecerá su nuevo libro titulado precisamente <<Vivir sin miedo>>.
Ya sabeis que me gustan las definiciones oficiales porque muchas veces lo que cada uno cree que significa una palabra no es exactamente lo que la definición del término nos explica: <<Angustia por un riesgo real o imaginario. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que se desea>>.
Pero el miedo no se define. Se siente.
Paul Auster escribe en <<Baumgartner>>: “Vivir es sentir dolor, dijo para sí, y vivir con miedo al dolor es negarse a vivir”.
Estamos entonces de acuerdo en que tener miedo nos impide vivir. Lo hace con los pequeños que tienen pesadillas por un cuento contado con demasiado realismo o una serie de televisión que los padres permiten ver para arrepentirse inmediatamente de los sentimientos que despiertan en sus hijos. Me recuerdo de pequeña escuchando en el telediario que se había escapado “El Lute” (yo no tendría más de tres años y no sé cómo me permitían oír esas cosas) por la zona de Tetuán (cercana a donde yo vivía). Quien no conozca la historia, Eleuterio Sánchez fue un delincuente que había matado al vigilante de seguridad de una joyería en la calle de Bravo Murillo en 1965. Se hizo famoso por sus fugas de la cárcel en el franquismo. Se rehabilitó en su tiempo de confinamiento estudiando la carrera de Derecho que llegó a ejercer en el gabinete de Enrique Tierno Galván. Siempre pensé que tendría que conocerle para superar ese miedo infantil a que entrara por la ventana de mi habitación para esconderse de la policía. Yo tenía miedo de que me matara.
Pero cuando de mayor tienes miedo a la muerte, a la enfermedad, a lo inesperado, al dolor, te estás matando en vida; estás cercenando tu vida innecesariamente porque si te angustias por ese riesgo real o imaginario o si tienes aprensión por lo que supones que puede pasar aunque no sepas si va a suceder, estás acortando tus posibilidades de ser feliz, de disfrutar; en definitiva de vivir.
¿Y eso cómo se supera? ¿Quién puede comprender y ayudar a la mente para evitar la parálisis que supone vivir con miedo? Probablemente la terapia sea la mejor medicina. Contar a otros cómo te sientes, qué sucede en tu cabeza para no poder avanzar, para inmobilizarte. Ese es un primer paso. El siguiente es admitir que estás paralizado. Casi cuesta más que hablar con un terapeuta. Decirnos a nosotros mismos que tenemos miedo a vivir es más duro que contárselo a un profesional. Y en tercer lugar resulta un pilar imprescindible la socialización. Salir de ti mismo. Al exterior. Explorar. Conocer otras personas, otros mundos, otras actividades. Socializar. No hay barreras de edad. Siempre hay una mano tendida. Es cuestión de saber buscarla.
Los chinos, que se dedican a hacer todo tipo de estudios, han demostrado que la socialización está relacionada con una vida más larga y útil entre las personas mayores. Publicado en la revista “Journal of Epidemiology & Community Health”, muestra las conclusiones de la información que se comenzó a recopilar en 2002 y finalizó en 2019. El tiempo hasta la muerte se retrasó en un 42% entre quienes socializaban ocasionalmente, un 48% en quienes lo hacían al menos una vez al mes, un 110% en quienes lo hacían al menos semanalmente y en un 87% en quienes lo hacían casi todos los días.
No tengamos miedo a vivir. Es la aventura más bonita del ser humano. Uno tiene que sentir que hoy es el primer y el último día de nuestras vidas. Si hoy se acaba, que seas consciente de lo feliz que has sido en tu vida.
Y no te olvides de dar las gracias.