Divagaciones dominicales.
No soy una entendida en arte, pero me gusta visitar algunos museos de las zonas donde viajo.
Llevo unos meses viviendo cerca de Malaga capital y todavía tenía entre mis pendientes conocer el Museo Carmen Thyssen de la capital malagueña.
Y recorriendo sus salas me asaltó una pregunta: ¿cuántas horas de trabajo, amor y dedicación habían invertido esos pintores en sus obras? Muchas veces pasamos por delante sin valorar el cariño que hay tras una pincelada. En concreto en este museo, hay autores conocidos y otros que lo son menos, pero forman un conjunto armónico y bello sobre la pintura española del siglo XIX y principios del XX, con especial atención a obras andaluzas, a paisajes, a escenas costumbristas.
Personalmente elijo un cuadro por la sensación que me produce al verlo; puede que la pincelada sea imperfecta; puede que el pintor sea desconocido, pero su conjunto me transmite algo.
Y a veces pasamos por esas salas de forma impersonal, sin apenas detenernos, como nos sucede con muchos libros. ¿Cuántas horas dedica un escritor a pensar en su novela? ¿Cuánto tiempo transcurre desde que imagina una historia, que desarrolla una trama, que crea unos personajes? ¿Y cuánto tiempo tardamos nosotros, terribles lectores, en criticar que no es tan buena como la anteror, que le falta algo?
Me horrorizan esas listas de las redes sociales donde alguien proclama sus diez peores lecturas del año.
Me parece terrible no saber apreciar el amor del artista en su obra. Es imposible dedicar horas en una visita turística a un museo; también es imposible dar una segunda oportunidad a los libros que no te han gustado (demasiados pendientes en las estanterías), pero sí un respeto profundo a las personas que entregan su alma en las obras que crean. Aunque no nos gusten, aunque no las entendamos.
Feliz semana
Felices lecturas







