Recuerdo el papel que utilizaba mi madre para escribir cartas. Era fino, delicado, casi transparente, pero rugoso a la vez. No lo he vuelto a ver en ningún sitio. Tal vez debería poner más empeño en buscarlo.
¿Por qué si ya nadie escribe cartas?
Porque hay que volver a escribirlas.
Este año que ya casi estamos cerrando retomé la costumbre de escribir gracias a “Nubosidad variable” de Carmen Martín Gaite. Mi amiga Lara Recuero (@solangevernon) y yo nos mandamos “podcast” (audios de wasap) algunas mañanas. Ella corriendo en transporte público; yo pausada en una taza de café en mi escritorio. ¿De qué hablamos? De la vida. Ni más, ni menos. De esa que pasa y nos arrasa, y otras nos mece como si fuera los brazos de una madre.
Y sí, como Sofía Montalvo y Mariana León, hemos pasado al papel. Folios. Papel blanco. Aunque tengo que buscar algo bonito. Las cosas bonitas se escriben mejor en papel bonito. Un día tengo que ir “de papelerías” por Madrid. Me niego a comprar papel de carta por internet.
Realmenre esto que escribo aquí, mis divagaciones dominicales es una carta. En vez de recibirla en el buzón de vuestras casas, ese que ya solo acumula telarañas, os llega al buzón de correo electrónico. Abridlo, leedlo y contestad. Las cartas necesitan respuesta. Se escriben para comunicarse. Y es una forma bella de comunicación en este nuestro siglo XXI tan tecnológico y tan deshumanizado.
Leed “Ya nadie escribe cartas” de Jang Eun-jin editado por @shirolibros y recomendado por @audrey_rdp de @libreriacelama. Belleza en las palabras y sentimientos.
Este fin de semana en el que he ejercido de abuela a tiempo completo he decidido que también voy a escribir cartas a mi nieta. Para que aprenda cosas del pasado, para que tenga algo más que pantallas. Cuando cumpla diez años tendrá de regalo la edición última de “Mujercitas” de Louisa May Alcott, ilustrada por @anajarenillustration y dedicada a la Sofía del futuro.
En mis novelas siempre hay cartas; me gustan los libros donde los personajes se escriben cartas y antes dedicaba el mes de noviembre a hacer manualmente felicitaciones de Navidad para que estuvieran listas en diciembre, personalizadas y enviadas. Lástima que las prisas nos privaran de esos placeres.
Algún día, quizá algún día lo retome y vuelva al pasado con aires del ahora.
Mientras tanto, cerremos noviembre y dispongámonos a celebrar que llega el mes de diciembre, la Navidad.
¿Lo miramos con los ojos de un niño?
Seremos más felices si somos capaces de hacerlo.
Buen diciembre. Felices lecturas. Felices cartas







