Divagaciones dominicales
No soy de las que escribe una lista y luego comprueba el 31 de diciembre si se han cumplido los objetivos que tú misma te marcaste a comienzos de año. Sí creo recordar que algún año he escrito alguna divagación al respecto, pero no he querido abusar de mi pasado documentalista y no he echado la vista atrás para ver qué dije o escribí en su momento.
En los últimos años he pensado más en el día a día y menos en el pasado y en el futuro. En mi infancia todo eran referencias al tiempo que se había ido y al que estaba por venir pero nunca disfrutábamos del momento presente. No sé si esto tiene que ver con un ataque anafiláctico sucedido hace unos años del que tuve la suerte de salir. Probablemente desde entonces tengo la sensación de que hay que disfrutar cada día como si fuera el primero y también el último de tu vida. Tener conciencia de sentir cada momento y no estar siempre esperando que lo mejor esté por venir. Lo mejor es aquí y ahora.
Hay una cita que siempre me gusta de Juan Marqués, de “El hombre que ordenaba bibliotecas” editado por Pre-Textos en 2021: “Triunfa en la vida aquel que es dueño de su tiempo, libre de poder invertirlo en lo que ama, en lo que le motiva”. A mí me motiva escribir. Leer y escribir. Dedicar mi tiempo a contar historias. Algunas se publican; otras las publico yo; otras viajan a concursos; otras esperan una decisión sobre su publicación.
Mientras tanto, escribo. Sigo escribiendo. ¿Hay algo más bonito que contar historias? Acabo de terminar de leer “Escalera interior” de Almudena Grandes, editado por Tusquets. La escritora influyó mucho en mis ganas de querer contar la vida de otros (real o imaginada) y estos relatos que ella escribía en El País Semanal cada quince días son pinceladas de vida, observaciones cotidianas de las personas con las que nos cruzamos, acerca de las que leemos o vidas imaginadas cuando vamos en silencio en el metro de Madrid y miramos.
También en estos días de desear cosas buenas y bonitas a los seres que queremos, he recibido una oración portuguesa de mi amiga Pepa que no quiere que el Año Nuevo traiga nada. Solo desea que no se lleve. Lo que ya tiene uno, nuestro techo, nuestro plato de comida, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestro amor, nuestra amistad. Que no se lleve la vida nuestro tesoro de vida.
Es un buen propósito de año nuevo.
Yo recordé sonreír más, pedir las cosas por favor, dar las gracias siempre, valorar lo que tenemos, la ilusión del primer rayo de sol, la paz al ver el mar, ver por los ojos de un niño, ponernos en el lugar del otro, que nos alegre la alegría de los demás, ser solidarios con la tristeza, que nuestro hombro sea un lugar seguro y que la Amistad y el Amor esté en tu vida.
Y así, poco a poco, quedan los propósitos escritos.
Que la vida no se lleve nada y que aprendamos a vivirla día a día.
De los Reyes Majos ya hablaremos más adelante.
Este año volveré a disfrutar como lo hacía de niña.
Son los primeros Reyes de mi nieta.
Y eso merece una página aparte.
Felices Reyes Magos.
Que la magia siempre esté en vuestras vidas una mañana de 6 de enero.







