“Navidad no será Navidad sin regalos –murmuró Jo, tendida sobre la alfombra”. Comienza así “Mujercitas” de Louisa May Alcott.
No. La Navidad es especial por muchas cosas, entre otras por sus regalos.
Reconozco que me encanta regalar a los demás; pensar los regalos; buscar lo que uno cree que le gusta al otro. Tamblén es el momento ideal para regalarte a ti mismo algo que quieres mucho. Pero a veces nos estamos pasando ya con tanta Navidad anticipada dos meses.
Y sí. A pesar de este consumismo feroz en el que vivimos y al que tenemos que enfentarnos poniendo firme nuestra mente: No más zapatos; no necesito un jersey nuevo; mi maquillaje aguanta perfectamente una temporada más (total, para lo poco que lo utilizo); no me caben más bolsos en el armario; los manteles están perfectos; no debo cambiar de vajilla ni de cubertería; no hay que comprar adornos nuevos para el árbol (es una tontería adquirir una bola distinta cada año); las sábanas aguantarán alguna temporada más…
No se trata de empeñarse en ahorrar. Se trata de no malgastar. Si para la cena de Nochebuena ponemos cuatro aperitivos es innecesario llenar la mesa con seis u ocho.
¿Por qué ese derroche cuando hay tantos que tienen tan poco?
A pesar, digo, de este consumismo feroz, ¿tengo que prescindir de comprar libros?
Sí. Ya sé que tengo pendientes unos cuantos. ¿Cien? ¿Doscientos?, que además reservo en la biblioteca libros electrónicos y audiolibros, que nos prestamos entre amigos…
¿No puedo autorregalarme unos cuántos?
O me contengo y lo dejo para las novedades del Año Nuevo: Marta, Marta, Susana, Máximo…
Pues sí. Un consumismo feroz. Pero no soy feliz sin mis libros.
Feliz Navidad
Felices lecturas







