Y cerramos la Navidad. Otro año más las fiestas pasan como un suspiro para unos, como una tortura para otros.
Yo soy navideña, y este año, la felicidad de esperar a un miembro más de la familia me ha hecho sentirme pletórica.
Ya estoy pensando en dejar las novelas y los microrrelatos y pasarme al cuento infantil…
De momento, saco hueco cuando puedo y continúo escribiendo. Es mi oasis particular, mi forma de desconectar del mundo y crear el mío propio. Creo que escribiría aunque nadie me leyera… ¿O no? Sí, creo que sí, pero a todo escritor le gusta tener lectores, saber que alguien leerá los universos que has soñado, los personajes que has creado, las vidas que has diseñado. Me gustaría poderos ofreceros un poco más de mi escritura este año. En unos meses se decidirá mi próxima publicación y me encantará que esté disponible para todos los que os gusta lo que escribo.
Cada vez disfruto más escribiendo los microrrelatos. Mis amigas dicen que les gustan porque son como los roscones de reyes, con sorpresa final. ¡Qué majas, mis amigas! Ellas sí son mis Reinas Magas, las que me acompañan, me animan y me cuidan. Con las que comparto alegrías y penas; con las que he andado el camino…
Y lo bonito que es que a ese camino se incorporen otras voces y otras amigas, cuando uno piensa que la vida no te va a sorprender con personas importantes en tu existencia y ahí aparecen, y te abrazan y también te acompañan. Y es uno de los sentimientos que da más felicidad.
El poder abrazar a personas distintas, de diferentes ámbitos y en distintos momentos es uno de los mejores regalos que se pueden recibir en el día de Reyes. Saber que estamos ahí, siempre, las del cole, las de la facul, las del trabajo, las de las letras…
Me hace sacar mi sonrisa interior y sentirme feliz, agradecida y emocionada.
En esta noche tan bonita, donde los sueños casi siempre se cumplen, solo os pido colocar los zapatos relucientes en el árbol o el belén. Poner tres copitas y tres dulces. Algo de agua. Y cerrar los ojos fuerte fuerte para dormir más rápido, más profundo.
El sueño nos llevará hasta unos camellos que paran en la puerta. Abren la casa unos Magos y depositan en paquetes esas ilusiones imaginadas envueltas en papel de colores. Y lazos. Y globos.
Feliz noche. La mejor del año para mirar la vida con los ojos y la inocencia de un niño.