Para Silvia.
Divagaciones dominicales.
Este año he tenido unas vacaciones mágicas: largas, cálidas, al lado del mar y viviendo junto a mi hija el nacimiento de su segundo hijo y el año y medio más precioso de mi primera nieta.
Doy gracias a la vida por tanto; es tan gratificante vivirlo, que a veces cuesta expresarlo con palabras. A mí, que me pierdo en las subordinadas, me faltan adjetivos que definan este sentimiento que se mete en las entrañas y todo lo inunda.
Vivir la maternidad de mi hija a su lado es una experiencia única, inexplicable y poderosa.
La felicidad de acunar a su bebé y leerle cuentos a su terremoto de hija, lo llevaré grabado en mi memoria como parte de la belleza que me ha tocado vivir. Gracias a la vida por tanto.
Ahora toca hacer maletas, recoger lecturas sin leer y papeles sin escribir. Ahora toca poner punto y seguido y volver a la rutina de Madrid con la vista puesta en los horarios de tren, en los mensajes de teléfono.
No pensé que me sacudiría tanto, que tendría una nostalgia anticipada. Es una suerte vivirlo, disfrutarlo y apreciarlo.
Volveré a mis libros; os contaré mis preferencias. Procuraré no daros más la lata con esta maternidad de abuela, pero recordad siempre los privilegios que nos ofrece la vida. La magia está ahí, tan solo al alcance de la mano, y hay que saber disfrutar y agradecer. Gracias siempre, querida hija.
Feliz semana
Felices lecturas







