Divagaciones dominicales.
Nunca había permanecido tan cerca del mar durante tanto tiempo. Y ahora que el otoño meteorológico (que no el real) se acerca, me gusta más todavía aprovechar momentos de paseo o sentada mirando el azul sin pensar en nada; pensando en todo.
A veces me gustaría desconectar de mi propio pensamiento: poder hacer clic y apagar el interruptor del cerebro. No planificar, no analizar, no organizar. Pero entonces no sería yo.
Cuando invito a mis hijos o a personas queridas de mi entorno a que vayan donde la vida les lleve, debería aplicarme la misma idea libre de sentimientos encontrados.
Mientras no consiga el GiraTiempo de Hermione Granger para poder estar en dos sitios a la vez, María Dueñas clausurará Blacklladolid 2026 al mismo tiempo que yo escribo en este casi otoño unas líneas a orillas del Mediterráneo.
Tengo el corazón en esas lecturas que han viajado pero no se han leido, en esos poemas que se han pensado pero no escrito, en esa novela corregida y enviada, en otra por corregir, en tantas por escribir…
Pero hoy, mi corazón de finales de septiembre rebosa amor y ternura. Jamás imaginé cómo dos pequeñas personitas me cambiarían la vida. Vivir esas emociomes no puedo expresarlo con palabras; yo, que me pierdo en las subordinadas.
Ante todo, primero mis hijos: eso me lo enseñó mi madre.
Pero los nietos,¡ay los nietos! Transforman tu mirada y te hacen olvidar todo lo que no sea estar aquí y ahora.
Feliz otoño
Felices lecturas







