Divagaciones dominicales.
Entre todas las gestiones que uno tiene que hacer en esta vida: declaración de Hacienda, reuniones vecinales, papeles del banco… Lo que más odio es pasar la ITV (Inspección técnica de vehículos).
Existe una normativa sobre los años de vida de un vehículo y las revisiones que tiene que pasar. Entiendo que como ciudadanos responsables debemos cumplir con todos los requisitos legales, pero cuando me toca ir me siento como adolescente en plena selectividad (o PAU que se dice ahora).
Yo sé manejar mi coche, ponerle gasolina, encender sus luces, aparcar y conducir por ciudad o carretera quizá con excesiva prudencia, pero cuando llego a estos sitios se me nubla el sentido y ya no sé cuáles son las luces de cruce, las largas o el antiniebla trasero. Te empiezan a dar órdenes: arriba, abajo, gire volante, apriete freno, pise acelerador, bájese que comprobamos los cinturones, abra el capó, el depósito de gasolina, limpiaparabrisas…
Y cuando estás al borde del colapso, un muchachito sin mirarte siquiera te dice que aparques fuera y vayas a la oficina a recoger los papeles.
Entiendes que si no te dice nada es que has aprobado. Ya llevas el coche al taller todos los años una o dos veces para que te lo mantengan en perfecto estado; no estás preocupada. El muchachito no te ha dicho nada.
Pero cuando llegas a la oficina, resulta que no, que no has aprobado, que tu vehículo tiene un defecto grave que tienes que subsanar a la mayor brevedad posible y volver (ya sin esperar cola) para que comprueben que todo está en orden y está arreglado el defecto grave que te han comunicado en un papel.
Me imagino volviendo a pasar las órdenes: arriba, abajo, gire volante, apriete freno, pise acelerador, bájese que comprobamos los cinturones, abra el capó, el depósito de gasolina, limpiaparabrisas…
O a lo mejor solo miran si está subsanado el defecto grave (que en qué maldita obra no atendí el correo de mi concesionario que me daba cita para revisar todo antes de la ITV) y no tengo que pasar por otra convocatoria para saber si estoy aprobada o suspendida. En fin; ya sé que es mi vehículo el que aprueba o suspende, pero yo me mimetizo con él.
Entre medias, Madrid a tope de acontecimientos, y yo, deseando escapar de aquí.
Feliz semana
Felices lecturas.







