Divagaciones dominicales
Hay distintas teorías acerca de San Valentín y ninguna es muy romántica; sacerdotes y bodas clandestinas; obispos y evangelización… Lo cierto es que la Iglesia Católica eliminó la festividad del calendario litúrgico oficial en 1969 a San Valentín. ¿Por que seguimos celebrándolo? Por costumbre, por márketing, por amor.
Sí. Es un día (como otro cualquiera; todos pueden serlo) para celebrar el amor y la amistad. Pero la vida ha evolucionado.
Lope de Vega nos regala una maravillosa joya literaria:
“Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
[…]
esto es amor, quien lo probó lo sabe”.
y la literatura nos enseña muchas maneras de contar y cantar al amor.
Una de mis poesías preferidas es de Pedro Salinas:
“Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta
vivir en los pronombres!
[…]
<<Yo te quiero, soy yo>>.”
Buscadlos, leedlos enteros. Un minuto de poesía compensa veinte horas de política en la radio. Ensancha el corazón y disminuye el riesgo de infarto. Y es un método no clínico que utilizamos muy poco.
Entre algunas de mis últimas lecturas hay distintos tipos de amor. Alguno tóxico como el que cuenta Lucía Solla Sobral en “Comerás flores” entre Marina y Jaime. Otros, diferentes, como el de Miguel y Daniela en “Las ventanas sin rejas” de Paulo García Conde. Y la belleza de la relación que todavía estoy disfrutando de Frances y Theo en “Distancia de fuga” de Cristina Araújo Gámir. Dejaría todo lo que hago para sentarme a leer y olvidarme del mundo perdida en las páginas de esa historia.
En el fondo, soy una sentimental.
En mis novelas siempre hay amor. Marta Iglesias tiene dos amores: Armando y Sergio en “Líneas paralelas”. Y Gerard y Manel se aman en “Y la vida se detuvo”. En el resto de mis novelas (todavía en la oscuridad) el amor no es más que un personaje secundario. Pero en las novelas que voy escribiendo en mi cabeza hay dos en los que sí es protagonista.
El amor siempre es punto central en la vida de todos. La literaria y la real.
Y ahí entran en juego todo tipo de amores: de pareja, de amigos, de conocidos… El amor a los animales, a la vida, a uno mismo…
Porque sí, porque si no te quieres a ti mismo, será difícil que quieras a los demás.
Asi que está bien eso de tener un día para celebrar. Si no te regalan flores puedes comprártelas tú mismo. Y si te gustan los bombones, aprovecha para darte un capricho. Y siempre, siempre, busca un poema para leer en voz alta. Mantendrás el cortisol a raya.
Foto: Pixabay
Feliz semana.







