Divagaciones dominicales.
Mientras nos preguntábamos por qué el mes de enero era tan largo, se estaba haciendo eterno y parecía que el tiempo se había detenido, miramos el calendario y estamos a punto de inaugurar el mes de abril. Semana Santa a la vuelta de la esquina y pensando e imaginando el verano y sus viajes.
De la parálisis a la acción.
Tenemos un mes de marzo extraño, en el que hay días tristes y oscuros, sin un rayo de sol; con lluvia y frío, que invitan a la pereza, a la mantita y al sofá y a no hacer nada. ¿Qué serie veo? ¿Qué libro leo? ¿Voy al cine? ¿A una exposición?
Parece ser que eso de la astenia primaveral no está reconocido como un cuadro clínico aunque sí se acepta como un fenómeno adaptativo. No hay evidencias biológicas que nos disculpen de la apatía o cansancio físico y mental que se instala en nuestras vidas en esta etapa del año.
Por tanto, hay que arremangarse y echarle un poco de ganas y salir de ese círculo vicioso. Solo con mirar los árboles y ese sol acogedor tendría que bastarnos para romper con la inercia invernal.
Aunque a veces cuesta.
Yo estoy deseando terminar mis trabajos y exámenes para salir a la calle a contagiarme de mi alergia a pólenes (¡qué le vamos a hacer!), pero también a sentarme en una terraza al solecito con una copa de vino blanco y dedicarme al “dolce far niente”, anticipando el verano.
Me imagino, que como todos los años los días de abril nos traerán lluvias, frío y mal tiempo, asi que habrá que ver los toros desde la barrera y elegir bien películas y libros para disfrutar de las vacaciones de Pascua.
Tengo ganas de leer “Despedidas” de Julian Barnes, de Anagrama y “Los nombres” de Florence Knapp editado por Salamandra. Me imagino que otros se cruzarán en mi camino. Tengo pendiente “La ciudad” de Lara Moreno de Lumen, prestado por mi amiga Lara, y no sé si seré capaz de resistirme a leer “El amo” de Santiago Díaz en Alfaguara o “Mentira” de Juan Gomez-Jurado en editorial B. Casi siempre leo novela negra en verano. Me resulta adictiva en la playa, en la piscina, o mirando a la montaña desde Gredos. Tal vez he leído demasiados libros este año de los que no he hablado porque no me han convencido, no me han llenado y la novela negra para mí siempre es un acierto. Es la mejor manera de desconectar y el mejor aliado para que tenga ganas de escribir, de contar mis propias historias.
De momento os recomiendo algunas de mis últimas lecturas que sí merecen la pena: “Distancia de fuga” de Cristina Araújo Gámir en Tusquets; “El lector de la tabaquería” de Susana Vidal en Grijalbo; y “Mañana seguiré viva” de Marta Pérez-Carbonell en Lumen. Cualquiera de ellas es buen acompañante para esta indecisa primavera.
Feliz semana. Felices lecturas.







