Divagaciones dominicales.
Empecé el fin de semana regular, con un ataque alérgico que no conseguía controlar ni en casa ni en el hospital, pero no queda más remedio que admitir que algunos años son más tranquilos y otros toca sacar todo el arsenal de medicamentos para estar solo entre regular y estable. Paciencia.
Después de superar, disfrutar y sufrir a partes iguales con mi curso de guion cinematográfico, me he vuelto a sumergir en mis escritos para ver si pueden tener una segunda vida. Pude haber publicado mi tercera novela hace más de año y medio con un sello pequeño pero que valoró muy bien mi trabajo. Por esas vueltas de la existencia y por otros sellos interesados en la publicación, al final se quedó en un cajón. La insistencia de mi amiga Susana Vidal hizo que le diéramos una segunda oportunidad.
En breve sabremos si es así, o si hay que seguir inventando historias para que nos lean. O alguna que ya está inventada pueda tener sus recompensas.
De todas formas, que las musas te pillen trabajando, porque sin disciplina no se escribe, sin horas de pensamiento y escritura no se cuentan historias y sin sueños ligados a un cuaderno o un ordenador no llega uno a transmitir sentimientos.
Termino el fin de semana feliz con la familia, viendo alegría a mi alrededor con mis hijos, mi nieta y el abu Pedro.
Leeremos “Nazarena” de Karina Sainz Borgo editada por Alfaguara para el Club de lectura de los miércoles noche, y un montón más de libros pendientes que han aparecido en mi camino sin yo esperarlo.
Feliz semana y felices lecturas.
La felicidad es tan solo un instante, un momento, que nos llena el corazón. Os deseo un corazón lleno de felicidad.







